Rankings, influencia y WikiLeaks ( publicado en “El Mercurio” de Valparaiso, Chile, Diciembre 8, 2010
En su edición de diciembre, la prestigiosa revista Foreign Policy ha dado a conocer su ya conocida lista de 100 intelectuales públicos globales. Esta nómina se elabora a partir de una encuesta a numerosos académicos y personas de relevancia en el ámbito económico, político y de las relaciones internacionales y propone, en forma de ranking, los grados de influencia de importantes actores en el medio global.
Los cinco primeros lugares de este ranking 2010 lo encabezan Warren Buffet y Bill Gates, seguidos por Dominique Strauss y Robert Zoellick, posteriormente, el Presidente Barack Obama, Zhuo Xiachuany (Chairman del Banco Popular chino) y finalmente, en el quinto lugar, Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de los EE.UU.
¿Qué llama la atención en este ranking? En primer lugar, la lista, cuyo nombre en inglés es “100 top global thinkers”, está encabezada por personalidades del ámbito empresarial, político y financiero que estuvieron de algún modo conectadas con la reciente crisis económica internacional. Esto revela la magnitud que ella generó en la forma de pensar, analizar y evaluar las políticas públicas referidas a ese ámbito. Por tanto, hay una señal evidente que los liderazgos de empresarios y políticos se fundan en la eficiencia y en el trabajo arduo para combatir dificultades.
En segundo lugar, elaborar rankings de personas influyentes es una costumbre en la sociedad actual, pero ello debe considerar la forma cómo los grupos de interés pueden capturar la conformación de esos rankings, aun cuando Foreign Policy, sin ser una revista académica, goza de un gran prestigio por la seriedad de sus artículos. Coincide esta publicación con la difusión del affaire WikiLeaks, que involucra no sólo al sostenedor de este sitio, sino también a quienes han proporcionado el acceso a documentos estratégicos, a los medios de prensa que han recogido esa información.
En estos dos hechos se produce, en mi modesto entender, una curiosidad dramática, como la ha tratado el cientista político Joseph S. Nye en su famosa obra “The paradox of American power”. Se trata, según el autor, de comprender que el gran poder de un país como Estados Unidos, en la época de la revolución de la información, no podrá transitar solo, y que la centralización excesiva de la información tiende progresivamente, a través de numerosas vías, a expandirse a la sociedad global. Nye distingue tres dimensiones de la información: a) los abundantes flujos de datos presentados como estadísticas; b) el uso para ventajas competitivas que la información ha cobrado agresivamente en política internacional, incrementado por las nuevas tecnologías, y 3) la noción estratégica de la información, que sitúa a los estados como competidores en un mercado que se aprecia cada vez más disputado.
El cruce de ambos hechos recientes -ranking de Foreign Policy y WikiLeaks- plantea algunos desafíos: el dominio sobre la información estratégica es cada vez más vulnerable y difuso; las nuevas tecnologías de la información y la demanda creciente por transparencia de la sociedad global modificarán la forma de llevar las relaciones internacionales.
