La vacante generada por el término del periodo de la consejera Maria Elena Ovalle ha suscitado algún grado de disputa y vetos entre diversos sectores, debido a que el mecanismo de sucesión de dicha consejera necesaria - aunque no deseablemente – se verá enfrentado al esquema de sensibilidades políticas. Mientras se había adelantado en círculos cercanos al gobierno la opción por la economista y actual miembro del Tribunal de Defensa de la Libre Competencia, Andrea Buttelman, la oposición por su parte ha establecido que el nuevo consejero debe representar una línea diversa a la ministra del tribunal antitrust. Más aun, comienzan a circular voces en Atencion a que, en esta particular propuesta, debería también considerarse el argumento del genero, vale decir, que si sale Maria Elena Ovalle, lo natural , según algunos, es que debiera ser una mujer su reemplazante, atendida la tendencia a ampliar los espacios de participación femenina. Frente a estos tres puntos de vista, perfectamente legítimos, parece necesario encauzar la propuesta hacia una dirección fundamental técnica. En efecto, la propia ley Orgánica del Banco central define al ente emisor como un organismo autónomo, de rango constitucional y de carácter técnico. La propia historia del establecimiento del Banco Central, con carácter autónomo, da señales de que su objetivo último era sustraerlo del debate político, dándole estabilidad a sus miembros, con designaciones por periodos que fueran más allá de los típicamente electorales, de modo tal que la política monetaria no estuviera a merced de la administración de turno. Sin embargo, en el estado actual de la discusión, pareciera ser que algunos sectores han optado por aplicar la famosa pero perversa lógica del empate. Así por ejemplo, algunos señalan que la filiación del próximo consejero debiera representar al oficialismo, toda vez que el presidente del Banco, Vittorio Corbo – elegido a propuesta del Ministro Nicolás Eyzaguirre y ratificado ampliamente – representaría un alineamiento con la oposición. Luego, señalan estos actores, correspondería entonces el cupo al oficialismo, porque al parecer, a la oposicion ya le tocó su turno con Corbo. Habría que recordar que la incorporación de Vittorio Corbo al órgano emisor se concretó luego de la malograda salida del ex Presidente, Carlos Massad, a raíz de la crisis provocada por el tema Inverlink. La señal de nombrar a Corbo se fundó sustancialmente en el prestigio académico y profesional de uno de los economistas mas destacados de las aulas nacionales e internacionales, y no ciertamente en su aparente alineación con sectores de la oposición, como se pretende afirmar. Es esta la que plantea nuevamente el nombre de Rodrigo Vergara, destacado profesor de la P. Universidad Católica de Chile e investigador del CEP. En el caso del gobierno, la designación de la Ministro del Tribunal de Defensa de la Libre Competencia, Andrea Buttelman que ha circulado por versiones de prensa durante los últimos días parece ser acertada en términos de calificaciones académicas y profesionales; sin embargo, hay un par de aspectos que cabria analizar en dicha propuesta : uno, la inconveniencia de sustraer a una economista destacada de un cargo jurisdiccional económico de relevancia, cuyo reemplazo podría eventualmente abrir algún frente de inestabilidad en el tribunal de Defensa de la Libre Competencia; dos, que su origen sea precisamente el de un organismo jurisdiccional económico y expertise en temas micro - si bien le reporta beneficios en amplitud de óptica al Banco Central - quizás no resulte tan claro a la hora de adoptar decisiones macro en el ámbito financiero. Téngase en cuenta, por ejemplo, la reciente designación en Estados Unidos de Ben Bernanke a la cabeza de la Reserva Federal, en la cual, si bien primó la cercanía con el presidente George W. Bush, nadie podría desconocer los méritos del profesor Bernanke en las áreas macro y financieras. Por ello, parece sensato que la búsqueda del nuevo consejero cumpla básicamente con las condiciones básicas de un claro vinculo al ámbito académico de reconocido nivel, con especialización de ámbitos macro, concentrados en el área financiera y con un rigor de independencia que no ponga la mas mínima sombra de duda - ni menos en periodo electoral - a un organismo que constituye uno de los pilares fundamentales de la estabilidad de nuestra estructura monetaria y del éxito económico del país.